El tejido como resistencia, memoria y sanación

Sobre “Backyard [A Field to Seach] – The Lecture” von L.A.S. 
Un texto de Edwin Javier Velasco Caicedo

“Nos encontramos en la ‘pequeña casa’, el ‘patio trasero’ del teatro Freiburg” 

Los nombres y los rostros de los 43 estudiantes secuestrados el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero (México), y que desde entonces están desaparecidos, constituyen una de las escenas centrales de la obra. El despliegue de una tela de 43 metros de largo con sus rostros, hoy símbolo internacional de la lucha por la justicia, subraya la importancia de la cultura de la memoria: mostrar sus rostros y pronunciar sus nombres posibilita que ellos permanezcan presentes para siempre. En consonancia con el tema de la cultura de la memoria, la obra invita a reflexionar sobre la corresponsabilidad que tienen determinados países, en particular potencias mundiales como Alemania, en relación con el tema de las desapariciones forzadas.

Ante la conmovedora escena de los rostros de los desaparecidos, me pregunto: ¿qué puede aportar el arte cuando faltan vidas, cuando faltan cuerpos?

Las dos creadoras teatrales de L.A.S., Laura Uribe y Sabina Aldana, escenifican una especie de conferencia de prensa, sentadas tras una mesa de madera, equipada con dos micrófonos, recurren deliberadamente al teatro documental y al arte del tejido y la costura como medio material para relatar en español sus ocho años de trabajo conjunto con los familiares de los desaparecidos. En grupos de búsqueda autoorganizados, recorren el campo en busca de cuerpos o de alguna señal de vida. 

Esta obra de teatro destaca el papel de las mujeres latinoamericanas en la lucha contra las desapariciones forzadas. Esta lucha feminista no solo se plasma en el tejido de prendas, sino también en un vídeo documental que muestra la entrega de trajes de búsqueda a las madres de las víctimas. Aquello que sostiene esta obra además del compromiso infranqueable de las autoras, es ese amor que recuerda gestos históricos similares de voces que ante la desaparición forzada de personas se atreven a gritar, ¿dónde están?, vivos se los llevaron, vivos los queremos. Laura y Sabina no son solamente Laura y Sabina, sino que se salen de sí mismas para evocar la valentía de las llamadas “locas de plaza de mayo”, de las madres de Soacha (Bogotá) y en general de las mujeres buscadoras. Entonces uno se queda atónito y se pregunta ¿de dónde proviene esa fuerza mística revolucionaria de la mujer latinoamericana? 

Otro pilar que sostiene la noble causa de la búsqueda de los seres queridos desaparecidos por la violencia es el lazo comunitario que se crea entre las personas buscadoras, y se expresa a través de un apapacho (Umarmung) mutuo y solidario que, si bien en muchas ocasiones no les devuelve a sus seres queridos, se convierte en una caricia para el alma.

La obra invita al público a preguntarse: ¿qué postura adoptan la sociedad alemana y los distintos grupos sociales que no se ven directamente afectados ante el tema de la desaparición forzada? Esta pregunta encuentra respuesta en algunas escenas en las que interviene Yanina Cerón, miembro del elenco del Teatro Maxim Gorki, Berlin, Alemania. En una escena, Cerón asume deliberadamente el rol superficial de presentadora durante la inauguración de una pomposa boutique que, sin embargo, no llega a celebrarse por falta de recursos monetarios; y en otra escena, baila sobre una mesa mientras una performance –que podría interpretarse como una escena de rave desenfrenada, en la que se recurre al éxtasis de las drogas para huir de la realidad e intentar olvidar lo inolvidable– pone de manifiesto el consumo acrítico de las sociedades actuales. El espectador se ve entonces confrontado con la imagen de una sociedad que, con frecuencia, hace alarde de accesorios de lujo de grandes marcas sin cuestionar el origen de estos productos, una actitud típica del mercado de la moda rápida y de la cultura de masas. Personas que entran y salen de las tiendas de marcas de lujo o de casas de moda como Chanel, Louis Vuitton o Hugo Boss, sin saber ni preocuparse por el papel que desempeñaron estas empresas y los vínculos que tuvieron con el nacionalsocialismo. 

La pieza teatral hace las veces de una especie de bofetada para confrontar la indiferencia contemporánea mediatizada. Retratando a quienes con indolencia deslizan la pantalla de sus dispositivos móviles para seguir una guerra retransmitida en directo a través de las redes sociales, transitando entre imágenes de decapitaciones y genocidios, alternándolas con contenidos de bienestar como técnicas de relajación, ejercicios de yoga o memes. El horror se banaliza el sufrimiento humano se convierte en un flujo más de entretenimiento efímero, prueba inequívoca de la gran “porno miseria moral” de las sociedades actuales. 

Backyard funciona en dos niveles: por un lado, cuestiona el sistema y el statu quo, ya que, para que pueda producirse un cambio y un movimiento auténtico, es necesario rediseñar las estructuras anquilosadas del poder. Por otro lado, atribuye la apatía y la corresponsabilidad no solo a los sistemas políticos, sino también al propio individuo como parte de la sociedad. Backyard es una obra que encaja con la idea central del festival PERFORMING DEMOCRACY, ya que cuestiona el concepto de democracia en un mundo en el que la desaparición de personas sigue teniendo lugar pese a los pactos, las convenciones y eslóganes que proclaman la dignidad humana como valor supremo inviolable. En este contexto queda en el aire la sensación de la necesidad de repensar el significado del concepto “democracia” dado que, es evidente que en la actualidad muchas cosas caminan torcidas. 

Pero que no se confunda el espectador, Backyard no se limita a la crítica y las quejas. Es más bien una invitación a reflexionar a cerca de lo que el arte puede lograr. Invita al espectador a entender el arte como un espacio fértil para la creación, la sanación y la “alegría de la reparación” (Wierdergutmachungsfreude). Anima al espectador a preguntarse ¿cómo se puede ser ético y estético al mismo tiempo? 

En definitiva, Backyard es una obra de teatro documental que deja al espectador con más preguntas que respuestas. ¿Qué medidas concretas tomar para reparar el daño causado? ¿Cómo aprovechar el privilegio para contribuir a la reparación? ¿Es el teatro documental un instrumento para el cambio social? Quizás cada quien puede aportar algo desde su propio lugar de enunciación. La escenografía misma de la obra está diseñada para que quien lo desee pueda hacer una donación o comprar un suéter y así contribuir a que la búsqueda continúe. 

Backyard es una obra que exige un escenario para ser presentada nuevamente, no solo en el Teatro de Friburgo –en la ‘pequeña casa’ o en el ‘patio trasero’–, sino también en los grandes escenarios europeos, para que se ponga en ellos sobre la mesa el tema de las desapariciones forzadas en América Latina.

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Si deseas conocer más sobre el trabajo de Laura Uribe y Sabina Aldana, así como sobre su proyecto L.A.S. [Laboratorio de Artistas Sostenibles], o deseas apoyar esta iniciativa con una donación, haz clic en el siguiente enlace: https://www.labdeartistassostenibles.com/

Si quieres conocer otra iniciativa que aborda el tema de la desaparición forzada y propone la escritura como una herramienta de sanación, te invitamos a descargar la versión en español del libro La digna voz del colectivo Nacen Voces, integrado por Edwin Javier Velasco y Catalina Garcés, en el siguiente enlace: https://ziniestra.wordpress.com/2023/08/13/nacen-voces-y-el-libro-la-digna-voz/

Entrevista al colectivo Nacen voces en alemán sobre el poder de la escritura como herramienta de sanación en el siguiente enlace: https://lateinamerika-nachrichten.de/artikel/schreiben-als-heilung/

Das Gewebe als Widerstand, Erinnerung und Heilung

Zu „Backyard [A Field to Search] – The Lecture” von L.A.S. und dem Maxim Gorki Theater
Ein Text von Edwin Javier Velasco Caicedo

 „Wir befinden uns im ‚kleinen Haus‘, dem ‚Hinterhof‘ des Freiburger Stadttheaters“

Die Namen und Gesichter der 43 Studenten, die am 26. September 2014 in Iguala, Guerrero (Mexiko), entführt wurden und seitdem verschwunden sind, bilden eine der zentralen Szenen des Stücks. Das Entfalten eines 43 Meter langen Tuchs mit ihren Gesichtern, das heute ein internationales Symbol für den Kampf um Gerechtigkeit ist, unterstreicht die Relevanz der Erinnerungskultur: Ihre Gesichter zu zeigen und ihre Namen auszusprechen ermöglicht es, dass sie für immer präsent bleiben. Im Einklang mit dem Thema der Erinnerungskultur lädt das Stück dazu ein, über die Mitverantwortung bestimmter Länder, insbesondere von Weltmächten wie Deutschland, im Zusammenhang mit dem Thema des Verschwindenlassens nachzudenken.

Angesichts der bewegenden Szene mit den Gesichtern der Verschwundenen frage ich mich: Was kann Kunst beitragen, wenn Leben fehlen, wenn Körper fehlen?

Die beiden Theatermacherinnen von L.A.S (Laboratorio de Artistas Sostenibles), Laura Uribe und Sabina Aldana, inszenieren eine Art Pressekonferenz: Sie sitzen hinter einem Holztisch, der mit zwei Mikrofonen ausgestattet ist, und greifen bewusst auf das Dokumentartheater sowie auf die Kunst des Webens und Nähens als materielles Mittel zurück, um auf Spanisch von ihrer achtjährigen Zusammenarbeit mit den Angehörigen der Verschwundenen zu berichten. In selbstorganisierten Suchgruppen durchkämmen sie das Gebiet auf der Suche nach Leichen oder einem Lebenszeichen. 

Dieses Theaterstück beleuchtet die Rolle lateinamerikanischer Frauen im Kampf gegen das Verschwindenlassen. Dieser feministische Kampf spiegelt sich nicht nur im Gewebe der Kleidungsstücke wider, sondern auch in einem Dokumentarvideo, das die Übergabe von Suchanzügen an die Mütter der Opfer zeigt. Was dieses Stück neben dem unerschütterlichen Engagement der Autorinnen trägt, ist jene Liebe, die an ähnliche historische Gesten von Stimmen erinnert, die angesichts des gewaltsamen Verschwindens von Menschen den Mut haben zu rufen: „Wo sind sie? Lebendig wurden sie uns weggenommen, lebendig wollen wir sie zurückhaben.“ Laura und Sabina sind nicht nur Laura und Sabina, sondern sie treten aus sich selbst heraus, um an den Mut der sogenannten „Verrückten von der Plaza de Mayo“, der Mütter von Soacha (Bogotá) und ganz allgemein der suchenden Frauen zu erinnern. Da bleibt man sprachlos und fragt sich: Woher kommt diese mystische, revolutionäre Kraft der lateinamerikanischen Frau?  

Eine weitere Säule, die das edle Anliegen der Suche nach durch Gewalt verschwundenen Angehörigen stützt, ist das Gemeinschaftsgefühl, das unter den Suchenden entsteht und sich in einer gegenseitigen, solidarischen Umarmung äußert, die ihnen zwar ihre Angehörigen nicht zurückbringt, aber dennoch zu einer Wohltat für die Seele wird.

Das Stück regt das Publikum dazu an, sich zu fragen: Welche Haltung nehmen die deutsche Gesellschaft und die verschiedenen sozialen Gruppen ein, die nicht direkt von gewaltvollem Verschwindenlassen betroffen sind? Diese Frage wird in einigen Szenen beantwortet, in denen Yanina Cerón erscheint, die Mitglied des Ensembles des Maxim-Gorki-Theaters in Berlin ist. In einer Szene schlüpft Cerón bewusst in die oberflächliche Rolle einer Moderatorin bei der Eröffnung einer pompösen Boutique, die jedoch mangels finanzieller Mittel nicht stattfindet. In einer anderen Szene tanzt sie auf einem Tisch, während eine Performance – die als Szene eines wilden Raves interpretiert werden könnte, in der man sich der Euphorie von Drogen hingibt, um der Realität zu entfliehen und versucht das Unvergessliche zu vergessen – um den unkritischen Konsum der heutigen Gesellschaften zu offenbaren. Die Zuschauer:innen werden so mit dem Bild einer Gesellschaft konfrontiert, die häufig mit Luxusaccessoires großer Marken prahlt, ohne die Herkunft dieser Produkte zu hinterfragen – eine Haltung, die typisch für den Fast-Fashion-Markt und die Massenkultur ist. Menschen, die in die Geschäfte von Luxusmarken oder Modehäusern wie Chanel, Louis Vuitton oder Hugo Boss ein- und ausgehen, ohne zu wissen oder sich Gedanken darüber zu machen, welche Rolle diese Unternehmen spielten und welche Verbindungen sie zum Nationalsozialismus hatten.

Das Theaterstück dient als eine Art Ohrfeige, um der heutigen, von den Medien geprägten Gleichgültigkeit entgegenzutreten. Es porträtiert jene, die gleichgültig über den Bildschirm ihrer Mobilgeräte wischen, um einen Krieg zu verfolgen, der live über soziale Netzwerke übertragen wird, und dabei zwischen Bildern von Enthauptungen und Völkermorden hin- und herzuspringen, die sich mit Wohlfühlinhalten wie Entspannungstechniken, Yogaübungen oder Memes abwechseln. Das Grauen wird banalisiert, menschliches Leid wird zu einem weiteren Strom flüchtiger Unterhaltung – ein eindeutiger Beweis für den großen „moralischen Elendsporno“ der heutigen Gesellschaften. 

„Backyard“ funktioniert auf zwei Ebenen: Einerseits hinterfragt es das System und den Status quo, denn damit ein Wandel und eine authentische Bewegung stattfinden können, müssen die erstarrten Machtstrukturen neugestaltet werden. Andererseits schreibt es die Apathie und die Mitverantwortung nicht nur den politischen Systemen zu, sondern auch dem Individuum selbst als Teil der Gesellschaft. „Backyard“ ist ein Werk, das zur zentralen Idee des Festivals PERFORMING DEMOCRACY passt, da es das Konzept der Demokratie in einer Welt hinterfragt, in der das Verschwinden von Menschen trotz aller Abkommen, Konventionen und Slogans, die die Menschenwürde als unantastbaren höchsten Wert proklamieren, weiterhin stattfindet. In diesem Zusammenhang bleibt das Gefühl der Notwendigkeit bestehen, die Bedeutung des Begriffs „Demokratie“ zu überdenken, da es offensichtlich ist, dass derzeit vieles schief läuft.

Doch die Betrachter:innen sollen sich nicht täuschen lassen: „Backyard“ beschränkt sich nicht auf Kritik und Klagen. Es ist vielmehr eine Einladung, darüber nachzudenken, was Kunst bewirken kann. Es lädt die Zuschauer:innen ein, Kunst als fruchtbaren Raum für Schöpfung, Heilung und die „Wiedergutmachungsfreude“ zu verstehen. Es regt die Zuschauer:innen dazu an, sich zu fragen: Wie kann man gleichzeitig ethisch und ästhetisch sein? 

Letztendlich ist „Backyard“ ein dokumentarisches Theaterstück, das die Zuschauer:innen mit mehr Fragen als Antworten zurücklässt. Welche konkreten Maßnahmen sind zu ergreifen, um den verursachten Schaden wiedergutzumachen? Wie kann man Privilegien nutzen, um zur Wiedergutmachung beizutragen? Ist das dokumentarische Theater ein Instrument für sozialen Wandel? Vielleicht kann jeder von seinem eigenen Standpunkt aus etwas beitragen. Die Bühnenbildgestaltung des Stücks ist so konzipiert, dass jeder, der möchte, eine Spende leisten oder einen Pullover kaufen, um zur weiteren Suche beizutragen. 

„Backyard“ ist ein Stück, das eine Bühne verlangt, um erneut aufgeführt zu werden, nicht nur im Stadttheater Freiburg – im „kleinen Haus“ oder im „Hinterhof“ –, sondern auch auf den großen europäischen Bühnen, damit dort das Thema des Verschwindenlassens in Lateinamerika zur Sprache kommt.

Mehr über die Arbeit von Laura Uribe und Sabina Aldana sowie über ihr Projekt L.A.S. [Laboratorio de Artistas Sostenibles]: www.labdeartistassostenibles.com

Eine weitere Initiative, die sich mit dem Thema des Verschwindenlassens in Form eines Buchs befasst und das Schreiben als Mittel zur Heilung vorschlägt: „La digna voz“ des Kollektivs „Nacen Voces“, bestehend aus Edwin Javier Velasco und Catalina Garcés, unter folgendem Link herunterzuladen: ziniestra.wordpress.com/2023/08/13/nacen-voces-y-el-libro-la-digna-voz/

Ein Interview mit dem Kollektiv „Nacen Voces“ auf Deutsch über die Kraft des Schreibens gibt es unter folgendem Link: lateinamerika-nachrichten.de/artikel/schreiben-als-heilung/